Ministerios Antes del Fin

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El Blog de Ronaldo Rodríguez (Roroto)

Autor: Ronaldo Rodríguez (Roroto)
Ronaldo es Moderador del foro de www.antesdelfin.com
Siguiendo el liderazgo de Jesús

En Juan 1:43 en adelante leemos sobre los primeros discípulos de Jesús. El llamado a Felipe es uno de los más ilustrativos: Jesús le dijo "sígueme". La reacción de Felipe: seguirle y anunciar a otros con ese entusiasmo que sólo alguien que está plenamente convencido puede hacer: "hemos hallado al Mesías".

En su ministerio aquí en la Tierra, Jesús fue un líder totalmente fuera del modelo tradicional. El contenido de su mensaje trastornó todos los fundamentos y tradiciones comúnmente aceptadas. Pero lo más impresionante es que, con un mensaje fuera de lo común, atrajo gente de todos los estratos, de culturas y orígenes diferentes. Sin lugar a dudas, Jesús fue seguido por mucha gente. Es el ejemplo de un líder.

Todos sus discípulos fueron impactados tan profundamente, que renunciaron a su "zona de comodidad", sus empleos o fuentes de ingreso, sus familias y sus tradiciones. Simplemente lo siguieron y creyeron en él al punto de la inspiración y renunciación total entregándose por completo para ser moldeados de acuerdo a su voluntad.

Eso es lo que hace un verdadero líder: Influye en otros, de tal forma que provoca que éstos se comprometan con su causa y lo sigan.

¿Te crees líder?

De acuerdo con John Maxwell, la prueba de liderazgo es sencilla: Sólo mira tras de ti y observa si hay alguien que te siga. Si no ves a nadie, de seguro no lo eres. Si tienes que recurrir a tu "investidura" para ganar autoridad e influencia sobre los demás, entonces no eres líder. La primera y quizás más contundente característica del liderazgo es ejercer influencia sobre otros.

Otra característica del líder que vemos en Jesús: Su integridad. Esta armonía entre hechos y palabras, entre teoría y acción, es lo que determina la extensión de tu liderazgo. Nuestra referencia está en Mateo 11: 29: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Ningún líder se puede sostener como tal si su conducta contradice totalmente su discurso. Muchos líderes han visto destruido completamente su legado al ser confrontados con un falso testimonio de vida. El líder debe inspirar confianza plena. Jesús lo hizo y lo hace hoy día, al punto de que podemos entregar completamente nuestras vidas a él sin reservas. ¿Crees que eso lo podrían hacer tus seguidores? ¿Tu compromiso con el Señor es tal que nunca traicionarías la confianza de los tuyos?

Este punto es tan importante que si no se toma en consideración, muchos ministerios serían golpeados severamente. En algunos casos, es tan estrecha la identificación entre el líder y su integridad, que si está se daña, el ministerio fracasa. Esto no significa que el líder no se pueda equivocar, pero no en aquello que cuestione severamente su conducta y genere desconfianza y decepción entre sus seguidores.

Un aspecto más a considerar en el liderazgo de Cristo que establece una diametral diferencia con respecto al liderazgo del mundo es su fin. En el mundo vemos líderes que son aplaudidos, renombrados y aclamados. Su liderazgo lo miden por sus altos niveles de popularidad entre la gente. Detrás de ellos puede haber otras personas que le han ayudado a construir ese liderazgo, pero es su figura la que se destaca.

Frecuentemente hablamos de líderes "carismáticos" que emocionan a sus seguidores e impactan de tal manera que sus imágenes y fotografías acompañan como íconos sus áreas de influencia.

Pero Jesús mismo no buscó su gloria personal. En Juan 17:4 leemos lo dicho por él hacia el Padre:

Yo te he glorificado en la tierra, habiendo acabado la obra que me has dado que hiciera.

Al fin de cuentas, como siervo obediente (Filipenses 2:7), "Se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo". Y esto incluía el objeto de su gloria: Buscaba la gloria del Padre.

Esto es muy diferente a lo que vemos a nuestro alrededor: El liderazgo del mundo busca destacar una figura sobre las demás. El ser humano busca "figurar, enaltecerse, enseñorearse" sobre los otros. Los honores son un "plato delicioso" esperando ser consumido para satisfacer los egos personales. Llegar a un ocupar una posición prominente en el mundo sigue siendo la ambición de muchas personas.

Pero Jesús dijo que "entre vosotros no será así" (Mateo 20: 26). La búsqueda de fama y popularidad no es el objeto del liderazgo cristiano. Toda la pompa que acompaña a los líderes religiosos, políticos y empresariales del mundo, es tenida como "poca cosa" por Cristo.

Cualquier tipo de liderazgo que se llame "cristiano", jamás buscará destacar una figura sobre otra, ejercer señorío y poder o cualquier otro tipo de coacción sobre los demás. Lo correcto es glorificar a Dios. Todo líder debe tener presente esto, y cuando vengan las tentaciones de ostentar puestos de renombre en los cuales el centro de la atención no sea la gloria de Dios, debe rechazarla.

Quizás un ejemplo típico lo sea la caída de Adán y Eva. La tentación más sutil de la serpiente era llegar a ser "como dioses". Esto implicaba una posición de poder absoluto. Y esto sólo corresponde a Dios. Pero Adán sucumbió a esta ambición. Aunque tenía una posición privilegiada, él no era el centro del paraíso, sino Dios. En realidad, Adán era un administrador con muchas facultades, pero su dominio estaba limitado por el poder de Dios mismo. La creación rendía culto sólo a Dios, no a Adán. Pero la ambición de tener ese poder lo hizo ceder.

Conviene que nos detengamos a valorar nuestro liderazgo en las iglesias, y esto incluye a pastores y otros hermanos que han sido llamados a servir en el Reino de Dios. Evaluemos nuestras motivaciones y las reacciones que acompañan al éxito. Quizás tengamos excelentes resultados en el desempeño de nuestras funciones o necesitemos un impulso mayor. Cualquiera que sea nuestro análisis personal, no olvidemos estos principios básicos del liderazgo cristiano. Y recordemos para quién trabajamos. No seamos como los reyes malos de Israel, los cuales se envanecieron olvidando a Dios y exaltándose a sí mismos. Ya sabemos el fin que tuvieron.

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