El divorcio tiene efectos profundamente negativos en los niños, en la comunidad, en el estado, y en el país, sin mencionar los efectos devastadores que tiene en la pareja. Los niños de parejas divorciadas tienen mayor posibilidades de fracasar académicamente, se involucran en problemas de comportamiento y viven en la pobreza. Muchos tienen que recurrir a familiares para poder continuar hacia adelante y el apoyo de la iglesia y de los amigos es clave para ayudar tanto a los padres divorciados como a los niños a componer sus vidas. Las leyes recientes nos muestran que los gobiernos han perdido la visión de la importancia del matrimonio y a diario se pasan leyes que lo hacen más y más fácil. Esta situación ha creado una epidemia que debe ser contenida... ¡especialmente dentro del pueblo cristiano!
Es hora de reexaminar nuestros valores familiares, de echar un segundo vistazo a las leyes de Dios y de buscar soluciones durante los tiempos de crisis, antes de que haya que recurrir al supremo recurso del divorcio.