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  • Preguntas difíciles que los hijos hacen a los progenitores bajo cuya custodia están

     

    Lidia es una mujer soltera con una hija de ocho años de edad llamada Carla. Últimamente, Carla le ha estado haciendo algunas preguntas difíciles acerca de su padre, a quien la niña nunca ha conocido. ¿Cómo debe responder Lidia?

    “¿Amas a papá?”

    En la película Un Buen Día, la actriz Michelle Pfeiffer hace el papel de una madre divorciada que responde a la misma pregunta a su hijito: “Siempre amaré a tu papá porque por él es que te tengo a ti”. Lidia podría dar una respuesta similar.

    Sin importar cómo Lidia se sienta con respecto a ese hombre, ella no debe decirle a Carla que no lo ama. Cuando un padre o una madre que está criando a su hijo solo destruye la imagen de su anterior pareja (ya sea por medio de no expresar amor, con desdén implícito o con la crítica abierta), el hijo o la hija es el que paga el precio.

    “¿Por qué papá no llama? ¿Acaso no me quiere?”

    Desde que son pequeños hasta que llegan a los primeros años de su vida adulta, los niños tienden a practicar lo que los psicólogos llaman el “pensamiento de autorreferencia”. Es decir que ellos creen que todo lo que pasa en la vida se relaciona a ellos. Por ejemplo, si la mamá y el papá se separan, el niño siente que él tiene la culpa.

    Las preguntas de Carla muestran que ella se siente responsable de que su papá se haya ido, y que ella es no alguien a quien se pueda amar. Lidia debe darle el mensaje opuesto a su hija. Carla necesita saber cuán preciosa y digna de amor es, y que la ausencia de su padre no tiene nada que ver con ella. Para lograr esto, Lidia debe afirmar constantemente a Carla alabando sus esfuerzos, restándole importancia a sus debilidades y hablando una y otra vez de su increíble valor. Ella podría decirle a su hija: “Sé que esto no es fácil para ti. Realmente extrañas a tu papá. Sé que estás triste porque él no llama. Él se está perdiendo de disfrutar a una niñita preciosa y muy especial”.

    Con el tiempo, tales palabras tranquilizadoras ayudarán a Carla a recuperarse. Muchas palabras amables pueden aliviar incluso el dolor más intenso. Aunque las acciones que el padre elija pueden herir profundamente a Carla, el aliento de Lidia puede ayudar a la niña a que se recupere con gracia. Como Proverbios 12:18 dice: “...la lengua de los sabios es medicina”.

    Más aún, Lidia debe permitir que Carla comparta sus sentimientos tan a menudo como lo necesite, y ella debe asegurarse de que palabras de aliento sigan inmediatamente a las confesiones de su hija. La familia, los amigos o los miembros de la iglesia también pueden ayudar a Carla a través de este momento difícil.

    “¿Puedo buscar a papá algún día?”

    El consejero y autor John Trent dice que él respetó a su madre, quien lo crió sola, porque ella nunca denigró a su ex esposo, aun cuando éste había abandonado a la familia. Les dijo a sus hijos los hechos pero nunca criticó al hombre. Más bien, les permitió sacar conclusiones acerca de su padre en base a sus propias observaciones.

    Todos los niños deben aprender por sí mismos el carácter de los progenitores que no tienen su custodia. Si bien algunos niños elegirán no ejercer esta opción, los progenitores que tienen la custodia deben moderar sus emociones al preparar a sus hijos y a sí mismos para posibles reuniones.

    Los progenitores que tienen la custodia también deben ayudar a sus hijos a que, cuando llegue el momento, se pongan en contacto con el padre o la madre ausente. Si los progenitores que tienen la custodia no apoyan el deseo de sus hijos de buscar a sus padres o madres ausentes, tal vez los hijos piensen que aquellos quieren bloquear una relación que ellos desean, una creencia que podría ocasionar resultados desagradables. En todo caso, si la reunión con los progenitores que no tienen la custodia disturba a los niños, entonces los progenitores que tienen la custodia deben arreglar la situación.

    Como padres, necesitamos depender del Espíritu Santo para que Él nos muestre cuándo y qué decirles a nuestros hijos.

    Afortunadamente, Santiago 1:5 dice: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada“. Lidia y el resto de nosotros podemos confiar en que nuestro Padre celestial ama a nuestros hijos más de lo que nosotros jamás podríamos amarlos, y promete darnos la sabiduría que buscamos. Esa garantía nos viene muy bien, especialmente cuando llegan las preguntas difíciles.

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