Ésta es una paradoja muy conocida. Fue propuesta por Bertrand Russell. La paradoja consiste en lo siguiente:
En una barbería hay un cartel que dice lo siguiente:
Yo afeito a quienes no se afeitan a sí mismos, y solamente a éstos.
La pregunta es: ¿quién afeita al barbero?
- Si el barbero se afeita él mismo, entonces forma parte de las personas que se afeitan a sí mismas, por lo que no podría afeitarse a sí mismo.
- Si no se afeita a sí mismo, entonces formaría parte de las personas que no se afeitan a sí mismas, por lo que debería afeitarse él mismo.
Como se ve, el barbero no puede cumplir con lo que puso en el cartel. Esta paradoja surgió en la investigación de conjuntos que Bertrand Russell llevaba a cabo. Bertrand Russell descubrió que no puede existir un conjunto que se contenga a sí mismo. Así, por ejemplo, el conjunto de todas las cosas que no sean manzanas no puede existir, porque el mismo conjunto no es una manzana, por lo que debería entrar dentro del conjunto de cosas que no son manzanas.
Esta paradoja tiene consecuencias muy profundas, tan profundas que dictaminan qué puede o no conocer la ciencia, qué puede o no conseguir la medicina, qué creencias nuestras son o no válidas. Esta paradoja dictamina los límites cognoscitivos del hombre. Esta paradoja nos muestra la caja tridimensional en la que nos encontramos. ¡Ella nos muestra cuán humildes debemos ser al juzgar las maravillas de la creación!
"Este precioso sistema solar, con sus planetas y sus cometas solamente puede ser fruto de la sabiduría y el dominio de un Ser poderoso e inteligente. Este Ser lo gobierna todo, no como el aliento del mundo, sino como el Señor sobre todo lo que existe. Es debido a su Dominio que Él merece ser llamado Señor Dios y Gobernador Universal." Sir Isaac Newton
Hace unos días encontré la anterior paradoja en una página de la red. Reflexionando sobre las implicaciones de esta paradoja, me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones. Pero antes, un poco de historia.
Bertrand Russell (1872-1970)
Bertrand Russell fue uno de los archienemigos más férreos del cristianismo organizado y de todo lo que tuviera que ver con un Ser Superior. Russell escribió un libro titulado "Por qué no soy Cristiano". Russell es ampliamente conocido como uno de los más brillantes filósofos del Siglo XX. Su ateísmo llegó a límites extraordinarios. Pero a pesar de su fuerte convicción ateísta, en uno de sus escritos Russell dijo que "la ciencia no podía tiranizar a la filosofía y decirle a la filosofía que no existía significado alguno para la vida porque si uno acepta el punto de vista científico evolucionista, la vida carecía de sentido."
Al intentar penetrar en la segunda intención de esta declaración de Russel, uno no tiene qué hacer más que asombrarse de que esta advertencia de Russell representa una clara admisión de la carencia de sentido del pensamiento evolucionista, especialmente si consideramos que Russell no tuvo par en su rebelión contra Dios. En otras palabras, ese reproche contra el evolucionismo materialista no provino de un Cristiano, sino de un ateo consumado.
Russell tuvo varios matrimonios y divorcios. Fue acusado de 'adultero" y su fama de seductor era ampliamente conocida en los medios en los que se desarrollaba.
En una oportunidad Russell fue invitado a quedarse en una casa y el segundo día de su estadía en ese hogar ya estaba tratando de seducir a la hija de su amigo, ¡quien tenía tan sólo 15 años de edad!
La paradoja
Al reflexionar… ¿A qué conclusión llegamos?
Colocando el significado de la paradoja que se atribuye a Russell y su reproche o advertencia al evolucionismo ateísta, uno concluye que Russell se negaba volicionalmente a admitir la presencia de Dios, no porque no existieran evidencias obvias de su existencia, sino porque el Cristianismo que tanto odiaba le resultaba una piedra de tropiezo para su pernicioso y carnal vivir.
El significado de la paradoja que colocamos al principio de este artículo es una evidencia de que Russell entendía muy bien la razón del reproche que le hacía al evolucionismo. El evolucionismo despoja a la sociedad de estándares morales a los cuales seguir. Cualquier posición filosófica ateísta arroja al creyente en un abismo sin fondo en cuyas paredes se encuentran dibujadas las grotescas caras del materialismo, la perversión, la amoralidad y el humanismo... las que se ríen a carcajadas del infeliz desobediente que se encuentra cayendo vertiginosamente en esta trampa llamada evolucionismo-ateísta-materialista-humanista.
"Si tan solo supiéramos el porqué de las cosas tuviéramos la mente de Dios." Stephen Hawking
La paradoja anterior muestra que como somos la creación de Dios, nosotros los humanos, sin importar lo inteligentes y doctos que podamos ser, no podremos NUNCA salirnos del conjunto del que somos parte intrínseca, pero del que Dios no es, ni será nunca... claro está, en el sentido físico y efímero de la vida humana.
Sin embargo, Cristo es Dios hecho hombre, adentrado en nuestro conjunto y humillado para poder proporcionarnos una salida. ¿Cómo osamos cuestionar la existencia del creador del conjunto del que somos parte, simplemente porque estamos atrapados por las leyes que rigen la existencia en el que tal conjunto ha sido creado?
Dios trasciende nuestra realidad
Bertrand Russell descubrió que no puede existir un conjunto que se contenga a sí mismo. Eso fue y es cierto si el conjunto a considerar es el conjunto nuestro… el conjunto físico… no el conjunto espiritual, ¡que es en el que Dios reside pero el cual trasciende!
La paradoja nos indica que el conjunto de todas las cosas que no sean manzanas no puede existir, porque el mismo conjunto no es una manzana, por lo que debería entrar dentro del conjunto de cosas que no son manzanas. Lo mismo ocurre con los hombres que intentan estar, tanto dentro del conjunto como afuera del conjunto, para así juzgar lo que está dentro, pero al hacerlo… ¿No romperían una ley física? ¿No se igualarían a Dios al ser omniscientes? Sin embargo, Dios no es ni será nunca solamente parte del conjunto. Dios es el Creador del conjunto. Dios puede y en efecto existe dentro y fuera del conjunto. ¡El hombre no! Dios es omnisciente… ¡el hombre no!