Ni Jesús mismo sabía ni el día ni la hora. No lo sabía Jesús ni tampoco lo sabían los ángeles del cielo. Tampoco lo sabe ningún hombre. Lo que sí sabemos es que el Rapto de la Iglesia sí sucederá, pero la fecha no puede decirla nadie.
El escenario está preparado. El que ha leído lo que la Biblia dice que sucedería y aún viendo lo que está pasando, tendría que estar ciego para no saber que el Rapto ocurrirá en cualquier momento. Pero no es bueno para nuestra fe ni para nuestra credibilidad como cristianos poner fechas.
Cuando uno pone fechas a acontecimientos que sólo Dios sabe cuando ocurrirán, uno se coloca por encima de Dios. ¿Por qué? Porque cuando uno coloca una fecha como el 18 de septiembre para la ocurrencia de un suceso para cuya ocurrencia solamente Dios el Padre se ha guardado la autoridad, nosotros obligamos a que Dios tenga que hacer que suceda el suceso el día que nosotros ya hemos pre-determinado. Eso no es apropiado.
Yo sé que según acontecen las cosas, a mí mismo me gustaría pensar que el Señor nos llevará hacia él un día muy cercano, pero de ahí a poner una fecha... Eso no es sano para la fe ni para el Evangelio de Jesucristo.
Para su bienestar espiritual sí debo decirle que ahora estamos 2001 años más cercanos para la ocurrencia del Rapto que cuando Jesús prometió que ocurriría.
Dios le bendiga, y no se preocupe que... ¡de que viene, viene!
Espero conocerla en la Nueva Jerusalén uno de estos días mi amada hermana.
Sitio del Rapto.