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    "En realidad, el Reverendo Billy Graham habían sido el responsable de plantar la semilla del Evangelio de mi corazón hacía ya un tiempo. Él visitó mi familia durante un fin de semana de verano en Maine. Yo le vi predicar en la iglesia de verano pequeña, Santa Ana que está cerca de la playa. Todos nosotros almorzábamos en el patio que tiene una vista hacia el océano. Mi papá le pedido a Billy que contestara preguntas de un grupo de mi familia que se había reunido durante el fin de semana. Él se sentó frente al fuego y habló. Lo que él dijo encendió una chispa que comenzó un cambio en mi corazón. Yo no recuerdo las palabras exactas. Era más el poder de su ejemplo que sus mismas palabras. El Señor se reflejó claramente a través de Billy, a través de su conducta mansa y amorosa. El próximo día nosotros caminamos y hablamos, y yo supe que estaba ante la presencia de un gran hombre. Él era como un imán; yo me sentía arrastrado en busca de algo diferente. Él ni disertó ni me amonestó; él compartió su calor moderado y su preocupación conmigo. Billy Graham no me hizo sentir culpable; él me hizo sentir la percepción de que yo era muy amado por el Señor.

    Durante el curso de ese fin de semana, el Reverendo Graham plantó una semilla de mostaza en mi alma, una semilla que creció durante el próximo año. Él me llevó al camino, y empecé a caminar una vida cristiana. Esta muestra de amor había sido el principio de un cambio en mi vida. Yo siempre había sido un tipo de persona "religiosa", había asistido a la iglesia regularmente, incluso a la Escuela Dominical, y hasta había enseñado y había servido como ayuda en el altar. Pero ese fin de semana mi fe asumió un nuevo significado. Era el principio de una nueva vida donde yo comprometería mi corazón a Jesucristo.

    Yo me sentí tan humillado y poco digno al darme cuenta de que Dios había enviado a Su Hijo Único para que muriera por un pecador como yo. Me sentí tan alegre de saber que a través de su Hijo, yo podía encontrar la asombrosa gracia de Dios, una gracia que cruzaba fronteras, que derribaba todas las barreras y que estaba disponible para todos. A través del amor de Cristo, yo fui capaz de entender cómo mi fe en él podía cambiar totalmente mi vida.

    Cuando volví a Midland (su pueblo natal), empecé a leer la Biblia regularmente. Don Evans (un cristiano y amigo de infancia) me habló y me pidió que me uniera a él y a otro amigo, Don Jones, en el estudio de la Biblia que un grupo de hombres se encontraba llevando a cabo. El grupo se había congregado desde hacía un año, desde la primavera de 1984, en un momento cuando mi pueblo natal, Midland estaba en crisis, y muchas personas estaban buscando consuelo, fortaleza y dirección. Dos de hombres empezaron el estudio de la Biblia como un grupo de apoyo, y el grupo fue creciendo. Cuando yo empecé a asistir, en el otoño de 1985, ya se congregaban casi 120 hombres. Nosotros nos reuníamos para discutir y analizar la Biblia en grupos pequeños de diez o doce, y la calidad de miembros creció y creció.

    Mi interés por la lectura de la Biblia creció más y más, y la Palabra comenzó a tener significado en mi vida. Nosotros estudiamos los Hechos, la Historia de los Apóstoles en la Iglesia Primitiva, y el próximo año, el Evangelio de Lucas. Cada reunión tomaba varias horas, leíamos los pasajes de la Escritura y luego hacíamos preguntas y respetas. Como siempre, yo usaba mi toque de humor en las discusiones...

    Laura y yo éramos miembros activos de la Primera Iglesia metodista de Midland, y nosotros participamos en muchos programas familiares, incluso en el programa "Enfoque en la Familia" de James Dobson. Poco a poco la Escritura cobró un significado mayor en mi vida y mi fe fue creciendo.

    Yo leí la Biblia regularmente. Don Evans me dio una Biblia que viene para ser leída en "un año", dividida en 365 lecturas diarias, cada una incluía una sección del Nuevo Testamento, una del Antiguo Testamento, Salmos y Proverbios. La leí en dos años.

    Yo también he aprendido el poder de la oración. Yo oro para que el Señor me guíe. Yo no oro por las cosas terrenales, sino por las cosas celestiales, en busca de sabiduría, paciencia y entendimiento. Mi fe me da enfoque y perspectiva. Me enseña a ser humilde. Pero yo también reconozco que esa fe puede interpretarse mal en el proceso político. La fe es una parte importante de mi vida. Yo creo que es importante vivir mi fe, en vez de abstenerme de practicarla. América es un gran país debido a nuestras libertades religiosas. Es importante para cualquier líder respetar la fe de otros.

    Ese punto fue analizado en casa cuando Laura y yo visitamos Israel en 1998. Nosotros habíamos viajado a Roma para pasarnos la celebración de Thanksgiving con nuestra hija, que estaba asistiendo a un programa escolar allí y tres días más en Israel camino a casa. Fue una experiencia increíble. Yo recuerdo despertar en el Hilton de Jerusalén, abrir las cortinas y ver la Antigua Ciudad.

    Visitamos la Pared Occidental y la Iglesia del Sepulcro Santo. Fuimos al Mar de Galilea y tuve la honra de ponerme de pie encima de la colina donde Jesús predicó el Sermón del Monte. Fue un sentimiento aplastante, estar de pie en el mismo lugar donde el discurso más famoso de la historia del mundo fue predicado, el lugar donde Jesús perfiló el carácter y conducta de aquellos creyentes y dio las bienaventuranzas, además de la regla dorada a sus discípulos y al mundo. Finalmente la Oración del Padre Nuestro.

    Nuestra comisión en Jerusalén incluía un metodista gentil, dos católicos, un mormón, y varios amigos judeo-americanos. Alguien sugirió que leyéramos la Escritura. Yo escogí leer las letras de mi himno favorito. "La Gracia Asombrosa" (Amazing Grace). Después de esa noche todos nosotros nos reunimos en un restaurante en Tel Aviv para la cena antes de abordar nuestro vuelo de media noche para regresar a Estados Unidos. Hablamos sobre las experiencias maravillosas y agradecimos a los guías y a los oficiales gubernamentales que tan graciosamente nos habían mostrado su país.

    Cuando la cena había casi terminado, uno de los presentes compartió su historia, y nos dijo cómo él, un gentil, y su amigo, un judío (desconocidos al resto de nosotros) habían ido al fondo del Mar de Galilea, y allí, debajo del agua habían unido las manos, y habían orado juntos. Entonces comenzó a cantar un himno que él se había aprendido cuando que era un niño, un himno del que no se acordaba hacía muchos años.

    La fe cambia vidas. Yo lo sé, porque la fe en Cristo ha cambiado la mía. Yo no podría podido ser gobernador de Texas, si no hubiese recibido un plan divino, un plan que reemplazó todos los planes humanos. La política es un negocio inconstante. Las votaciones cambian. El amigo de hoy es el adversario de mañana. A la gente le encanta recibir la atención de todos. Muchas veces sus sentimientos son genuinos; a veces no lo son.

    Yo he fundado mi vida en una base que no cambiará. Mi fe me da libertad. Me ayuda a poner los problemas del momento en la perspectiva apropiada. Me da la libertad de tomar decisiones que a otros no les podrían gustar. Me da la libertad de tomar las decisiones correctas, aunque me cueste votos en las próximas elecciones…

    La pena de muerte es un problema difícil para sus partidarios así como sus antagonistas. Yo tengo reverencia por la vida; mi fe me enseña que la vida es un regalo de nuestro Creador. En un mundo perfecto, la vida es dada por Dios y sólo es tomada por Dios. Yo espero algún día que nuestra sociedad respete la vida, la vida en absoluto, la vida del niño y la vida del anciano. Yo espero algún día que los niños sean protegidos por la ley y se dé la bienvenida a los niños que aún no han nacido (que no se aborten las criaturas). Yo apoyo la pena de muerte porque creo si la administro rápida y justamente, la pena capital es un disuasivo contra la violencia futura y salvará otras vidas de personas inocentes. Algunos abogados que no apoyan la pena de muerte me retan y preguntan por qué yo me opongo al aborto y sin embargo apoyo la pena de muerte. Para mí, la diferencia erradica entre la inocencia (de niños aún no nacidos) y la culpa (del criminal condenado).

    Dos semanas después de la inauguración de Jeb Bush (su hermano menor y actual Gobernador de Florida), en mi iglesia, en el centro de la ciudad de Austin (Texas), el Pastor Mark Craig, estaba diciéndome que mi reelección era la primera vez cuando un Gobernador había ganado dos términos consecutivos de cuatro años en la historia del Estado de Texas.

    La gente anhela alguien que les sea veraz y honesto. El pastor me habló de la necesidad de ser honesto en mi gobierno. Él me advirtió que los líderes que engañan a sus esposas (Clinton, por ejemplo) también engañan a su país, y finalmente a ellos mismos. El Pastor Craig me dijo que Estados Unidos tenía hambre de líderes honrados.

    Él me contó la historia de Moisés, a quien Dios le ordenó que llevara a su gente a su tierra (Israel). Moisés tenía muchas razones para esquivar la tarea. Según el pastor Craig, la primera respuesta de Moisés fue, "Lo siento Dios, yo estoy ocupado. Yo tengo una familia. Yo tengo ovejas qué atender. Yo tengo una vida. ¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón, y sacar a tus hijos de Egipto? Las personas no me creerán, él protestó. Yo no soy un portavoz muy bueno. Oh, mi Señor, envía, yo te pido, a alguna otra persona." Esa fue la reacción de Moisés. Pero finalmente Moisés hizo lo que el Señor le había ordenado. Llevar a su pueblo a través de cuarenta años por el desierto y vagar, confiando en Dios, como su fuerza, dirección e inspiración.

    "Dios necesita hombres que dirijan", me dijo el Pastor Craig. La gente tiene hambre de "líderes que tengan valores éticos y morales." (Especialmente después de lo de Clinton) "No es suficiente contar con líderes que tengan un compás ético para saber la diferencia entre el bien y el mal," él Pastor continuó. "Estados Unidos necesita líderes que tengan valores morales y no solamente éticos para diferenciar entre el bien y el mal. No siempre es fácil o conveniente para los líderes caminar hacia adelante," el Pastor reconoció. "Recuerda, Moisés también tubo dudas."

    Más tarde, mientras le contaba esto a mi madre, ella me dijo, "Él estaba hablando a tu corazón,". El pastor estaba, por supuesto, hablando con todos nosotros, desafiando a cada uno de nosotros. Haciéndonos un llamado a que asumiéramos el manto de dirección y de responsabilidad dondequiera que nosotros nos encontráramos. Él estaba haciendo un llamando a todos los americanos a que usáramos estos principios en nuestras vidas en general, en nuestros negocios, en la política, en nuestras comunidades, y en nuestras familias… él nos hizo un llamado a hacer lo bueno por la razón correcta. Su sermón habló directamente a mi corazón y a mi vida...

    En realidad no hubo ningún momento mágico de decisión. Después de hablar con mi familia durante las fiestas de Navidad, después de oír este sermón conmovedor, comencé a vivir al máximo cada momento. Durante mi servicio inaugural de la iglesia, yo me sentía gradualmente más cómodo con la perspectiva de una campaña presidencial. Mi familia me amaría y mi fe me sostendría, sin importar lo que sucediera. Durante mis más de cincuenta años que tengo de edad, nosotros los americanos hemos visto un decaimiento inaudito en nuestra cultura, un decaimiento que ha corroído las bases de nuestros valores colectivos y normas morales de conducta.

    Nuestro sentido de responsabilidad personal ha experimentado un drástico declive, mientras que el papel y la responsabilidad del gobierno federal han aumentado. La turbia cultura en que vivimos ha opacado la diferencia entre el bien y el mal y ha creado una nueva norma de conducta: "Si te gusta y te hace sentir bien, hazlo." Y "Si tienes un problema, échele la culpa a alguien más." "Los individuos no están a favor de ser considerados responsables de sus acciones," la nueva cultura dice. "Nosotros somos todos víctimas de fuerzas más allá de nuestro control." Nosotros hemos pasado de una cultura de sacrificio y ahorro a una cultura obsesionada con agarrar todo lo que sea apetitoso al gusto. Nosotros hemos hecho la transición de aceptar responsabilidad a echar la culpa a alguien más.

    Mientras más hace el gobierno, menos hacen los individuos. La nueva cultura nos dice: si las personas son pobres, el gobierno debe alimentarlos. Si alguien no tiene ninguna casa, el gobierno debe proporcionarle una. Si los delincuentes no están a favor de ser considerados responsables de sus actos, entonces la respuesta no son las prisiones, sino programas sociales... Para que exista cambio, debe haber un cambio en el corazón, en el alma, y en la conciencia para que nuestra cultura pueda sobrevivir.

    El gobierno puede gastar dinero, pero no puede poner esperanza en nuestros corazones o un sentido de propósito en nuestras vidas... A cambio, lo que el gobierno debe hacer es dar la bienvenida el envolvimiento activo de las personas que están siguiendo un llamado religioso para amar a sus vecinos a través de programas después de la escuela, cuidado infantil, programas de tratamiento de drogas, y un sin número de otros programas y servicios…yo sé que si nuestros corazones cambian, nuestra sociedad entera también cambiará.

    Durante los meses de la apertura de mi campaña presidencial, yo he viajado nuestro país y mi corazón ha sido tocado. Mis experiencias han fortificado mi fe en la grandeza de Estados Unidos. Estos viajes me han recordado que las sociedades se renuevan desde el fondo, no superficialmente. Por todas partes que voy, veo a las personas dando su amor y compartiendo su fe y veo como toman tiempo para ayudar a un vecino en necesidad... Estas personas y otros miles como ellos son el corazón, el alma y la grandeza de Estados Unidos. Y yo quiero hacer mi parte. Yo estoy corriendo para Presidente porque creo que América debe aprovechar este momento, América necesita quién la guíe.

    Nosotros debemos dar un propósito mayor a nuestra prosperidad, un propósito de paz, libertad y esperanza. Nosotros somos una gran nación de personas buenas y amorosas. Y juntos, nosotros tenemos un gran trabajo qué hacer."

    Ese es el perfil del hombre que Dios ha elegido para ser el presidente de Estados Unidos. El país más poderoso de la tierra. ¿Coincidencia? ¡No! Yo creo que Dios tenía este hombre reservado para este día y esta hora de crisis nacional y mundial.

    Note cómo este hombre llama a un día oficial de oración. Note cómo este hombre escoge al Dr. Billy Graham para que predique en una catedral católica. Note cómo este hombre ha suspendido los cientos de millones de dólares que el gobierno de Clinton había designado para pagar por los abortos de miles de miles de niños en todo el mundo. Note cómo este hombre se hace rodear por hombres de conductas intachables. Note como este hombre confiesa en público su fe en Jesucristo. Note cómo este hombre ha controlado los audaces experimentos de clonación. Note cómo este hombre ha hecho que los Jueces de la Suprema Corte de Justicia moderen sus decisiones liberales. Note cómo este hombre designa medidas de protección por las libertades de los estudiantes a llevar a cabo oraciones después de sus actividades regulares en las escuelas. Note cómo este hombre ha suspendido la orden dada por el liberal Bill Clinton de que las niñas de 12 años en adelante tengan que buscar el consentimiento de sus padres para efectuarse un aborto.

    ¡No esperes más...obtén tu salvación ahora!

    Se me ha informado que en República Dominicana una gran cantidad de iglesias ha estado orando para que Dios dé sabiduría y dirección al presidente en estos momentos. Insto a todas las iglesias de Latinoamérica que también lo hagan.

    Las decisiones que tome este presidente inevitablemente nos afectan a todos, especialmente en Latinoamérica. Tenemos que orar por dirección de Dios. Tenemos que unirnos a nuestros hermanos en New York y Washington en oración y en ayuno, así como lo hicimos cuando el Salvador fue azotado por un desastre natural.

    La oración es el instrumento más efectivo que tiene la Iglesia. Pues…¡A orar santos, que nuestra redención está ahora más cercana que nunca!

    Diferencia entre Demócratas y Republicanos (Bush es Republicano)

    Pastor Dawlin A. Ureña
    Cambita, San Cristóbal. República Dominicana

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